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Una persona que presenta ceguera total antes de los cinco o siete años de edad, comúnmente experimenta sueños sin experiencias visuales. En muy pocos casos se informa de algún tipo de experiencia visual durante los sueños, y cuando se presentan lo hacen en un sentido abstracto, como si tuvieran la sensación de estar viendo algo, aunque al despertar no pueden recordar o describir las características de lo que vieron.

Este fenómeno es similar al que ocasionalmente se presenta en tus sueños, donde simplemente “sabes” algo, aunque no existe una experiencia específica durante el sueño que pueda sugerirte lo que es. Por ejemplo, al despertar tras experimentar un sueño, recuerdas tener la sensación de estar en peligro, aunque nada de lo que recuerdas de ese sueño sugiere la existencia de algo peligroso. Se trata de una sensación abstracta.

Los sueños no visuales de los ciegos.

Los sueños de las personas que resultan completamente ciegas antes de esta edad, entre los 5 y 7 años, consisten principalmente en experiencias auditivas. Sin embargo, resulta fascinante que al comprarlos con aquellos que pueden ver y escuchar, los ciegos muestran un incremento drástico en las sensaciones de tacto, olor y sabor durante los sueños, pues no sólo las sensaciones auditivas llenan el vacío de las experiencias visuales.

Sin embargo, aquellos individuos que resultan completamente ciegos posterior a esta edad de entre 5 y 7 años, presentan (en su mayoría) sueños muy parecidos a aquellos que tienen las personas no ciegas aunque, una vez más, con un incremento drástico en las experiencias sensoriales no visuales. Más allá de esto, las experiencias visuales durante sus sueños tienden a ser muy similares a las de aquellos que pueden ver.

Aunque, si empezaron a perder la visión a temprana edad, tal vez conservando su capacidad para distinguir colores, las experiencias visuales durante los sueños se verán disminuidas en base a la experiencia real previa. A medida que pasa el tiempo, estos individuos informan una mayor prevalencia de experiencias con los otros sentidos y una reducción de las visuales durante los sueños.

A menudo, las experiencias visuales se vuelven vagas y “borrosas” con el tiempo, pero las conservan hasta cierto grado durante toda la vida a diferencia de una persona que ha sido ciega por siempre.

Los sordos experimentan un efecto paralelo en los sueños al de las personas ciegas. Aquellos que han sido sordos desde muy temprana edad son incapaces de escuchar sonidos en sus sueños, y cuando sueñan a personas hablando, lo hacen a través del lenguaje de señales. Sus sueños también resultan mucho más vívidos en términos de visión y colores respecto a las personas que pueden ver y oír.

Los sueños de Hellen Keller.

La escritora sordociega Hellen Keller, en su autobiografía, relata que antes de que su primer maestro empezara a educarla, sus sueños estaban desprovistos de cualquier tipo de sonido, imagen o pensamiento. Básicamente consistían en sensaciones de temor y sentimientos abstractos.

“De forma extraña, mis sueños han cambiado desde los últimos 12 años. Antes y después de que el primer maestro llegara a mí, carecían de sonido, pensamientos o emociones de cualquier tipo, excepto el miedo, y únicamente se presentaban en forma de sensaciones. A menudo, soñaba que corría a una habitación oscura y mientras estaba encerrada ahí, tenía la sensación de que algo caía con mucha fuerza pero sin emitir sonido, provocando que el piso se moviera arriba y abajo de forma violenta, y siempre despertaba con un brinco.

A medida que aprendí más y más sobre los objetos de mi entorno, el extraño sueño dejó de asustarme, pero era una persona que se impresionaba con facilidad. Entonces, no resulta extraño que en cierta época haya soñado con un lobo que se abalanzaba sobre mí y encajaba profundamente sus dientes en mi cuerpo. No podía hablar (de hecho, sólo podía escribir con mis dedos), pero intentaba gritar aunque ningún sonido escapaba de mi boca.

“De forma extraña, mis sueños han cambiado desde los últimos 12 años. Antes y después de que el primer maestro llegara a mí, carecían de sonido, pensamientos o emociones de cualquier tipo, excepto el miedo, y únicamente se presentaban en forma de sensaciones. A menudo, soñaba que corría a una habitación oscura y mientras estaba encerrada ahí, tenía la sensación de que algo caía con mucha fuerza pero sin emitir sonido, provocando que el piso se moviera arriba y abajo de forma violenta, y siempre despertaba con un brinco.

A medida que aprendí más y más sobre los objetos de mi entorno, el extraño sueño dejó de asustarme, pero era una persona que se impresionaba con facilidad. Entonces, no resulta extraño que en cierta época haya soñado con un lobo que se abalanzaba sobre mí y encajaba profundamente sus dientes en mi cuerpo. No podía hablar (de hecho, sólo podía escribir con mis dedos), pero intentaba gritar aunque ningún sonido escapaba de mi boca.

El origen del sueño en el cerebro.

Durante el sueño, con los ojos cerrados, todas las señales sensoriales, con excepción del olfato, dejan de pasar a través del tálamo. Durante el ciclo de sueño, el cerebro suprime la actividad talámica y así sólo procesa las señales propias. Para hacer la historia corta, algunos investigadores creen que esta supresión de la entrada y salida de señales impulsa las oscilaciones neurales, lo que podría ser la fuente de los sueños.

Eugen Tarnow sugirió una teoría donde los sueños simplemente son excitaciones de memoria a largo plazo, pero sin la función ejecutiva normal del cerebro que interpreta y verifica toda esta información como un suceso real.

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