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Es el ángel guardián de la ropa interior en perfecto estado:

“Por si tenés un accidente”.
“Por si te pasa algo”.

Tiene comunicación directa y constante con las altas jerarquías celestiales:



“¡Dios quiera!”, “¡Gracias a Dios!”, “¡Dios primero!”, “¡A Dios no le gusta eso!”, “¡Dios me lo acompañe!”, “¡Dios te está mirando!”.

Puede pasar de la invisibilidad total al absolutismo doméstico en cuestión de segundos:

¡A mí nadie me considera ni me agradece nada en esta casa!
¡En esta casa mando yo porque soy su mamá!

Presenta desdoblamiento de personalidad:

Si en medio de un regaño se le osa responder cualquier cosa reacciona con un “¡No me responda, malcriado!”.
Pero si no se le dice nada durante el mismo regaño la orden es “¡Dígame algo! ¡Respóndame, insolente!”.

Tiene el don de la profecía:

“Te vas a acordar de mí cuando yo me haya muerto”.
“Algún día no voy a estar aquí y vas decir “mamá tenía razón”.

La madre tica vive con la función de loop activada:

Cuando algo no le gusta, puede reclamar y quejarse horas y días enteros de lo mismo y con la misma intensidad.

Padece del síndrome de la mujer maravilla:

Trabaja, estudia, es ama de casa, cría a sus hijos, asiste a la iglesia, se mete en cursos de zumba, va al gimnasio, hace las compras y le queda tiempo para ver la telenovela.

Tiene gran habilidad de transformación:

Si está de buenas es “una seda”, pero si está de malas se “pone como los diablos”.

Posee una antena selectora que filtra las amistades de sus hijos con una sola mirada:

“Esa muchachita no es buena”.
“Ese muchacho es un pan de Dios”.
“Esos amiguitos tuyos no me parecen”.

Tiene lógica matemática innata:

“Voy a contar hasta tres y si no me haces caso, ya sabes lo que te espera”.
“¿Cuántas veces tengo que repetirte lo mismo?”.

Su sabiduría es ilimitada:

“Una madre siempre lo sabe todo”.

Su corazón también tiene vida propia e independiente:

“El corazón de una madre nunca la engaña”.

Puede realizar actos de impacto ambiental y ecológico:

“Si no arreglás ese cuarto te voy a botar todo ese montón de chunches a la basura”.

“Ese suéter viejo que no te quitás ni para dormir, te lo voy a mandar al quinto de los infiernos”.



Su destreza es camaleónica:

Este güila malcriado me está sacando canas verdes”.

Buenísima para disfrazar el orgullo de falsa modestia cuando se trata de los logros de los hijos:

“Gracias a Dios mi muchachito tiene un buen trabajito, y bendito sea Dios, mi nuera es una chiquita tan buena”.

Y su mayor superpoder:

¡Es una verdadera mamá pura vida!  


Autor Gino Boschini

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